Donde juegan los peces


Éric Rohmer nos dice en Trío en mi bemol que no cree que pueda sentir “una atracción profunda” por una mujer a quien no le guste la música que a él le emociona. Más allá de compartir o no las ideas, la visión política, la forma de vida incluso, ha de existir un hilo invisible que una a las personas, a determinadas personas. El mundo puede ser líquido, pero debe haber lazos indestructibles por descubrir. A partir de esta concepción de la realidad, el actor y guionista Iván Morales ha tejido Sé de un lugar, una pieza que se puede ver en el Espai La Seca, gracias a la magnífica interpretación de Xavi Sàez y Anna Alarcón.

Un espacio no convencional. Los protagonistas se mueven por un piso antes de que el espectador entre en el juego. Una tetera, discos, un sofá rojo. Simó, un escritor frustrado, no sale de casa. Una especie de agorafobia, y la necesidad de incomunicarse, le ha encerrado entre las cuatro paredes donde permanece el público. Su ex novia, Béré, le visita constantemente sin avisar, para saber cómo está, pero también para explicarle de qué manera sobrevive ella.

No es una comedia más sobre el mundo de la pareja. Ni una tragedia lacrimosa. Se trata del “amor después del amor”, de la auto-exigencia de relacionarnos más allá de los discursos hechos, de lo trazado de antemano. El protagonista comienza admitiendo que es racista, xenófobo, y que está trabajando para superarlo. Es el miedo al extraño, al de fuera, pero también al que todos tenemos dentro.

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Valle-Inclán, y los indignados


El Centro Dramático Nacional presenta una nueva producción de Luces de Bohemia, de Ramón María del Valle-Inclán, dirigida por Lluís Homar e interpretada, entre otros, por Enric Benavente y Gonzalo de Castro, que se podrá ver en el Teatro María Guerrero de Madrid hasta el 25 de marzo.

Al mismo tiempo, Austral acaba de publicar Valle-Inclán: los botines blancos de piqué, un libro hasta ahora desaparecido de las librerías y que sigue con la biblioteca de Francisco Umbral, después de la aparición, en edición de bolsillo, de Mortal y rosa.

La biografía realizada Umbral, como las que escribió sobre Larra, Lorca o Goméz de la Serna, no es un ensayo al uso, sino un ejercicio de re-creación a través del personaje, un corpus que a veces se viste de relato, otras de crónica e incluso transita por una particular crítica literaria.

Por su parte, la pieza que muestra el CDN viene avalada, además de por el indudable talento de Homar, por la dramaturgia y composición musical de Xavier Albertí, con escenografía y vestuario de Lluc Castells. Pero ¿qué nos ha de decir hoy Valle-Inclán? ¿Qué hay en Luces de Bohemia que nos interpela sin anacronismos?

La obra más conocida del autor gallego, publicada en 1920, se enmarca en el denominado “ciclo esperpéntico”, dibuja una realidad que se esconde debajo de las apariencias, la des-vela, utilizando la parodia y humanizando los objetos para cosificar, de esta forma, a sus personajes, que poco tienen de dueños de su destino. Su protagonista, Max Estrella, es un escritor bohemio que se ha quedado ciego y en la miseria, y que recorre Madrid con su representante.

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El bidé de la Maga


Rayuela es muchas cosas pero, ante todo, es un canto a la libertad y a la experimentación. Por ello, entre los capítulos 10 y 18 de la novela de Julio Cortázar, un grupo de amigos – autodefinidos como el Club de la Serpiente – quedan en las noches parisinas para beber y escuchar jazz, música como ninguna que permite violentar las estructuras y pensar en un tiempo diferente, más espontáneo.

En esas “discadas”, auténticos rituales que abren puertas insospechadas, comparten audiciones Horacio Oliveira (un culto exiliado argentino), la Maga (su amante, de gran poder intuitivo), Ossip Gregorovius (filósofo checo que compite en lo intelectual y en lo amoroso con Horacio), Ronald y Babs (un músico y una ceramista norteamericanos), Perico Romero (español que estudia filosofía Zen), Wong (un chino que estudia las formas de tortura) y Etiennne (un pintor francés).

Pilar Peyrats realiza un viaje por la banda sonora de esos encuentros, en un libro-CD que ahora recupera la editorial Satélite K, y que se levanta como una suerte de homenaje al escritor argentino, pero también como una guía alternativa – otra más – para leer Rayuela.

El libro, pues, recopila los temas principales de la obra de Cortázar, pero también encontramos una biografía musical en la que se nos explica la evolución del bebop, esa variación del jazz más tradicional que nació a principios de los 40 en las jam-sessions de los locales nocturnos de Nueva York y que estuvo protagonizada, no sin “cierto dramatismo existencialista”, por virtuosos como el saxofonista Charlie Parker, el trompetista Dizzy Gillespie, los pianistas Thelonious Monk y Bud Powell o el batería Kenny Clarke.

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El “naufragio de Europa” de Godard


Jean-Luc Godard, siempre trágicamente visionario. Godard, siempre demasiado actual. Tal y como afirma The Guardian, el director escogió el Costa Concordia – triste protagonista por el accidente que ha causado 11 muertos y múltiples desaparecidos – para rodar su película Film socialisme, un ensayo sobre la incomunicación y la falta de utopías en el viejo continente.

Godard, uno de los impulsores de la revolucionaria Nouvelle vague, creador de obras maestras como À bout de souffle (Al final de la escapada), Vivre sa vie (Vivir su vida) o Le Mépris (El desprecio), reapareció a sus ochenta años a finales de 2010 con una película de gran potencia estética, “una sinfonía en tres movimientos”.

El primero, bajo el nombre “cosas como”, se sitúa en un crucero por el Mediterráneo (el Costa Concordia) donde se relacionan múltiples pasajeros, la mayoría de vacaciones; un filósofo, un embajador de Palestina, una cantante americana, encarnada por Patti Smith, un antiguo criminal de guerra, un agente doble y donde lo que se ve, la imagen, es muy diferente de lo que se dice, la palabra.

La segunda parte, titulada Nuestra Europa, explica el transcurso de una noche, en la que una adolescente y su hermano pequeño convocan a sus padres ante el tribunal de su infancia. Les exigen explicaciones sobre los temas de libertad, igualdad y fraternidad. Por último, en “Nuestras humanidades”, se visitan seis escenarios de leyendas verdaderas y falsas: Egipto, Palestina, Odessa, Hellas, Nápoles y Barcelona.

Era la primera vez que el director francés rodaba, íntegramente, en vídeo. Y lo hizo dominando el color como nadie, intensificando los azules y amarillos, jugando con los píxeles temblorosos, y reflexionando sobre el viaje homérico, seguramente hacia ninguna parte, de la civilización occidental.

Se trata de un film de una plasticidad radicalmente actual, pero sin renunciar a su discurso propio, levantado desde la utilización de arquetipos como un cazador de criminales de guerra, una joven africana que asegura que no quiere morir hasta no ver a Europa feliz, o un banquero judío. Un socialismo de viaje, con unos personajes que no pueden comunicarse entre ellos, y que han dejado vacío su discurso. De hecho, en un momento dado, el filósofo Alain Badiou diserta sobre geometría y filosofía ante un auditorio sin público.

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Javier Pérez Andújar

Albert LladóPeriodista cultural de LaVanguardia.com. Editor de Revista de Letras y Diari Maresme. Mi último libro es 'La realidad es otra'