Begur

Begur es un pueblo que, pese a la masificación que sufre en agosto, conserva una belleza prácticamente salvaje en sus calas de agua limpia y potentes rocas. El pueblo está elevado por encima de estas calas, y sus gentes son personas tranquilas, muy tranquilas, que trabajan para chicos de jerseys de colores y de caballitos que vienen de los barrios altos de Barcelona. Los habitantes de Begur son amables, una amabilidad que, seguramente, se debe a esta tranquilidad que supone vivir envuelto de belleza, sin humos, sin prisas, sin oficinas repletas de estrés.

Una de las gratas sorpresas del pueblo fue ver una exposición de Emili Tarrés. A este pintor-escultor se le nota oficio, afición, sensibilidad y horas de trabajo. Sabe manipular los materiales más duros, como el hierro, y hace que hablen, a la vez,  desde la de rotundidad y fragilidad.

Para dormir, Mas Comangau es el lugar perfecto. Un restaurante con habitaciones preparadas desde la exquisitez y el buen gusto.

Por último, el mago Xevi ofreció un espectáculo donde se pudieron ver diferentes propuestas. La velada se convirtió en mágica, literalmente, cuando apareció en escena la jovencísima maga china Jane Huang Theng y deslumbró al público. Magia de primerísima calidad, a manos de un rostro bello que hizo creer que todo es posible. O, al menos, se puede hacer ver.

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Albert LladóLicenciado en Filosofía, trabajo como periodista. “Podemos estar contentos” es mi primer libro de relatos.