Infiernos
Ayer estuve en las fiestas de Pineda. En la playa, había un Dj’s y cientos de niños, sí niños, drogadísimos hasta el último rincón de su cuerpecito de adolescente. El panorama era desolador.
Era un infierno dantesco, de verdad. Todos sabemos que en la adolescencia somos más vulnerables, que es más posible que se recurra a la droga para sentirte más integrado en tu grupo social, en tu rol. No voy aquí, y menos yo, a hacer un discurso moralista de las fiestas de ayer. Todos sabemos que las noches de verano, de las fiestas de tu pueblo, se permite un cierto desfase. Es un intento de darle libertad al que aún no la ha experimentado. Pero hay que tener mucho cuidado . De la libertad al abismo hay sólo un paso. Un paso minúsculo.
Si ha de pasar algo, pasará. No se puede estar encima del joven, del casi niño, constantemente. Pero lo que no se puede hacer es ponérselo fácil. La regidoria de juventud de Pineda, dirigida por Mónica Palacín, se ha vuelto a equivocar. La fiesta del sábado, la fiesta grande, no se puede pensar así. Un espacio como el de la playa, alejado del pueblo para que no moleste a los demás ciudadanos coherentes y civilizados, tiene que tener un cierto control. Sin casi policía, sin suficientes medios médicos (una ambulancia que a veces estaba y a veces no), cualquiera podía traficar con pastillas, drogarse, y llegar a límites demasiado peligrosos.
No es una crítica sin más, de verdad. No son ganas de criticar por criticar. Aquello era un caldo de cultivo para todo tipo de accidentes. El ambiente era tenso, las reyertas se olían, los comas por ingerir sustancias extrañas se veían venir. No se puede programar así. Contratar un tipo de música, sabiendo que ello va a hacer que vengan adolescentes de poblaciones vecinas a buscar lo que ellos relacionan con ese tipo de música (y no digo yo que se tenga que relacionar) es ponerlo fácil. Seguro que una programación más responsable, ayudaría a evitar ciertos riesgos innecesarios.
Lo que pase, pues pasará. Pero, por favor, no se lo pongamos en bandeja, no lo hagamos fácil. Se supone que desde la administración se ha de ayudar al joven a que se forme como ciudadano, a que aprenda a disfrutar de una manera lúdica y festiva. Así, no. Así no, Mónica Palacín. Si quieres comprobarlo, el próximo año, si programáis así, me gustaría verte el sábado por la noche entre pupilas dilatadas, mandíbulas sobrenaturales y niños que aún no tienen suficiente criterio sobre el riesgo, esparcidos por la arena de una playa desoladora. Aprendamos de los errores. Esto no es fiesta. Esto después se paga caro.
Licenciado en Filosofía, trabajo como periodista. “Podemos estar contentos” es mi primer libro de relatos.












