Rusita
Las rusitas son seres especiales. Existen muy pocas y son difíciles de reconocer porque se disfrazan en chicas normales, con jerséis de cuello alto y tejanos. Suelen tener el cabello rizado, largo, para que cada rizo baile sobre la espalda un tango dulce y pornográfico. Otra de sus características definitorias radica en que toda rusita tiene una sonrisa extensa, extrema, limpia. Es una sonrisa de la belleza más griega, más pura y catártica, que invita a un beso de porcelana. Pero la pureza también se muestra en su cuerpo, que suele ser blanco y de aspecto frágil. Cuando beben vino tinto, como en Tirant lo Blanc, por su cuello blanquísimo se puede ver como desciende, alegre y extasiado, el líquido rojizo.
Las rusitas, sin embargo, tienen algo secreto dentro de ellas. Su fragilidad sólo es una consecuencia de su feminidad. De hecho, son los seres más femeninos que existen. Por ello, bajo la aparente pureza se esconde algo oscuro, radicalmente sexual, que hace perder la cabeza a quien les rodea. Son ángeles celestiales y demonios sexuales a la vez, sin que ello suponga ninguna paradoja. No tenemos que confundirlas, por ello, con las ninfas de Nabokov. Son igualmente apetecibles, frescas e inocentes en apariencia. Pero no tienen ese regusto a niñata trasnochada, que se sabe eterna y que, aunque no puedes negarte a sus encantos, sabes que la ninfa que lleva dentro morirá en un máximo de tres años. Las rusitas lo son para siempre y comienzan a serlo algo más tarde que las ninfas porque para ser una rusita se tiene que tener una experiencia vital, unas lecturas, una cosmovisión. Las rusitas son seres bellos e inteligentes que saben estar en su sitio, admirar lo realmente admirable y brillar en el momento oportuno. Saben hacer el comentario adecuado en la cama, cuando se vuelven más salvajes, o en una exposición de Malevich, cuando radian más, porque el arte se refleja en sus miradas. Son arte.
Las rusitas son personajes literarios. Lo quieren ser porque saben de su potencial. Ninguna tinta puede reflejar, ni por un instante, estas emperatrices. Pero no importa. La Literatura forma parte de ellas, de su personaje, está en su sangre. Cuando las miras, cuando las hueles, cuando se cruzan delante de ti en el autobús o por la calle, no puedes dejar de escribir sobre ellas, sabiendo que jamás las acabarás de describir bien del todo. Pero no importa, porque al menos recuerdas cómo los rizos, largos, brillantes, espléndidos, bailan ese tango sobre una espalda que invita al hedonismo, a la vida en sentido estricto.
Licenciado en Filosofía, trabajo como periodista. “Podemos estar contentos” es mi primer libro de relatos.













Diciembre 14th, 2006 at 10:33 pm
A las rusitas se las encuentra. A las rusitas se las reconoce.
(Una sonrisa)
Diciembre 15th, 2006 at 1:43 am
Eso, una sonrisa.
Diciembre 15th, 2006 at 2:42 pm
¡Cuánto vicio! ¡Por el amor de Cristo! ¡Cuánto vicio!
(Otra sonrisa)
Diciembre 15th, 2006 at 4:55 pm
Sí que lo hay, sí…
Jeje…
Amigo Pablo, cada vez que visitas mi blog me haces enormemente feliz. de verdad. A la vez, me siento culpable por no comentarte el tuyo, aunque voy entrando bastante.
Cosas de la falta de tiempo, y del no saber qué decir.
No creas que no me acurdo. Me encantan los poemas y las fotos. Tal vez es envidía que tengo…
Un abrazo!