Congelados

Hoy, como es el último día antes de cerrar la edición de Sísifo, he escrito un relato desde la redacción de la revista donde trabajo. Lo he escrito rápido, hablando de mi soledad, del bar donde me emborracho los viernes, y del abuso indiscriminado del wisky.

Demasiado de lo de siempre, tanta soledad, tanto Bukowski, tanto atormentarse a uno mismo buscando una metáfora medio digna. Vamos a hacer metaliteratura, me he dicho. Últimamente siempre me digo estas tonterías. Me aburro y, sobre todo, me aburro cuando me digo lo mucho que me aburro. El relato no estaba mal del todo. Hablaba de los dardos, y utilizaba la metáfora de buscar, siempre, la diana. Una competición, como otra. De la masa, que siempre le llamo putrefacta, y de cómo te conviertes más que nunca en parte de esa masa cada vez que intentas huir. Siempre quejándome, siempre con la poesía a punta de pistola, con la lengua viva para el ingenio trasnochado.

Quiero escribir un artículo de enciclopedia. Una enciclopedia, si es preciso. Quiero no implicarme más en un adjetivo, en una frase, en un adverbio. Siempre Albert en todo, en las mayúsculas, en el punto y seguido, y en el título. Tanta poesía freudiana, tanta literatura francesa, tanta Novell vague en la intención y en la presunción. La pedantería es el peor de los cánceres, y, des del principio, se convierte en metástasis. Quien escribe enciclopedias siempre está sano. Tal vez es aburrido, solemne, caduco, evidente. Pero no se desgasta tanto, en tan poco espacio. Quiero escribir sobre algo que no haya tocado, ni besado ni, siquiera, imaginado. A partir de ahora sólo escribiré en tercera persona. Y ya veremos si del singular. Como me ponga muy en serio, me paso a la del plural.

Las enciclopedias no necesitan pedantería. El viejo, y hermoso, oficio de describir. Nunca más querré ser escritor. De mayor, si me lo permiten, seré descritor, describiente o describidor. Ya nunca más, ni poeta, ni tonto del haba, ni filósofo, ni gilipuertas, ni periodista cultural, ni gestor de absurdidades, ni pepito de los palotes. Quiero describir tu sonrisa congelada, desde mi corazón congelado, desde una oficina de congelados La Sirena.

3 Responses to “Congelados”

  1. albert serrano Says:

    jo vull beure wuisky d’aquest que beus tu company! això és poesia tiu!

    una abraçada

  2. Sixto Says:

    Jo m’apunto a beure uns d’aquests wiskis amb tu i jugar un trivial!
    A veure si se me pega tanto arte, coño!
    Buenísimo.
    Salut!!

  3. Albert Says:

    Esteu convidats, tots dos, a un wisky.

    Wisky per a tots!

Leave a Reply

Albert LladóLicenciado en Filosofía, trabajo como periodista. “Podemos estar contentos” es mi primer libro de relatos.