Trenes
Te has dejado la diadema en Barcelona, en la estación. Te fui a buscar, a encontrarte, pero ya te habías ido. Me has contagiado la fiebre, los treinta y nueve, la sonrisa, la cafeína, los Camper, las rayas de colores, y el gusto por las cerillas.
Qué estupidez quererte encontrar. Si siempre has estado aquí, en Sevilla, en Granada, en mis ventrículos, aunque haga de ventrílocuo, modificando voces, posturas, huyendo de mí y de ti, de los túneles y de los trenes.
Y no se puede huir. Nosotros somos el tren, el agua salada del mar y el olor a sexo trasnochado. No abras las ventanas, no subas las persianas. Quiero todo el fin de semana para nosotros, para el camarote que nos lleve a París. El tren no funciona con gasolina, pero arde. Ardemos. Epicuro y Baroja son nuestros compañeros de viaje. Y el viaje acaba de comenzar.
Licenciado en Filosofía, trabajo como periodista. “Podemos estar contentos” es mi primer libro de relatos.












