Párpados
Los párpados pesan, molestan, presionan. Las pestañas son la prolongación de un sistema de coacción ininterrumpida. La mueca que queda dibujada por el esfuerzo para sobrevivir, para mantenerse despierto, para abrir los ojos, la mirada, es mi rasgo definitorio, diferencial. Hay unas arrugas justo a los lados, tres, pequeñas, que actúan como testigo de esta lucha eterna. Supongo que hay alguien dentro de mí. Alguien cansado, que necesita dormir, olvidarse del estar-en-el-mundo. Y lo entiendo. Eso es lo que me da más miedo. Que lo entiendo. Podrá ganar a mi forma, a mi cuerpo de párpados de hierro y hormigón, pero si gana a mi voluntad, señores y señoras, ya no tenemos nada que hacer.
Mis personajes me han fallado. Me han traicionado. Mientras los describo, mientras les pongo palabras en su boca, mientras les arreglo la vida para que hagan el amor a todas horas, ellos se sientan frente a la página en blanco y me miran, desafiantes. Sonríen, los cabrones, sonríen. Se han puesto, antes que yo, a dormir. Ya no hay nada que hacer. Otro día con la novela estancada en medio de este charco de monotonía, pereza y calor.
Licenciado en Filosofía, trabajo como periodista. “Podemos estar contentos” es mi primer libro de relatos.












