Perdón
Hace demasiado tiempo que me tendría que haber escrito esta carta. Y es que, últimamente, ya no hablo conmigo mismo. Supongo que me tengo miedo. Me he dejado de lado. Hago ver que la pasión es un camino, y sólo es un escudo. Un puto escudo. Pero toda defensa necesita de una estrategia, y toda estrategia, de una conversación, de una reflexión, de un paréntesis.
Me voy a pedir perdón. No voy a ser eso que creía. Y, ni siquiera, voy a saber qué era lo que tenía que creer. Deja pasar el río, Heráclito, deja pasarlo. Qué le vamos a hacer. Pero mi río, mi fluir, sólo tiene espacio en esa ducha antes de cenar donde me confieso, en menos de cinco minutos, con la frustración en la que se ha convertido este reloj de horarios, comidas, y defecaciones. Y, encima, me quejo, me lamento, en un espacio determinado, prefabricado, para ello. Necesito otra ducha.
Me voy a pedir perdón. Ni la egolatría, ni los discursos interminables, ni mis fantasmadas fantasmagóricas son más que un escudo. Se trata de eso, precisamente, de un escudo. Protegerse de uno mismo debiera considerarse un delito ante cualquier tribunal. Y si el tribunal es el propio, aún peor. Excusas, palpitaciones, ansiedades y flores de bach. Todo un armamento, de destrucción íntima, que funciona como un boomerang de doble filo. De la filosofía y la filopatía.
Me voy a perdón, sobre todo, por no saber pedirme perdón. El río, Albert, el río. A todos les pasa lo mismo. Todos están en ese sofá rojo, desordenado, que duerme las conciencias. No eres el único que has llegado tarde, y sin billete, al tren de regreso. Mañana puede ser demasiado pronto para hacer un poema. Los sonetos jamás pasarán de moda.
Y la bicicleta de bajada, y la redacción, y las seis horas navegando, nauseando, mareando. No pasa nada. Es el río. El río. Hay que dejarse llevar y no temblar. Aunque, tarde o temprano, sepas que todo cauce acaba en un mar lleno de compresas y condones usados. Supongo que de eso se trata. Mirar el sucio lago, el agua llena de ruido, junto a tu mirada inocente. Mi antídoto.
Licenciado en Filosofía, trabajo como periodista. “Podemos estar contentos” es mi primer libro de relatos.













Noviembre 8th, 2007 at 11:15 pm
Ahora tienes que darte un beso, para reconciliarte….
Noviembre 9th, 2007 at 10:39 am
Lo intentaré. De momento, te doy uno a ti.
Noviembre 9th, 2007 at 3:21 pm
Apreciado albert,la culpa de que tengas que darte una ducha detras de otra es del sr.albert serrano,,,que de tanto decirte lo guapo que eres no me estraña que te pidas perdon,te des una recompensa y te tengas que meter otra vez en la ducha………..no te enfades,es una como otra,de ver literalmente tu historia.muassssssssss.,,,si necesitas confesarte en la ducha yo gustosamente te acompañare y veremos de que manera te hago la penitencia mas llevadera.
saludos,todo es broma.solo una cosa,el perdon debe ser extensivo a la gente que conscientemente o inconscientemente nos han o hemos dañado,
Noviembre 11th, 2007 at 10:26 pm
Recuerda que la vida no es una meta, Albert, sino un camino.
Tu perdónate, porque yo no pienso perdonarte ese vino, je je je.
Un abrazo.
Noviembre 12th, 2007 at 1:21 am
Gracias, compañeros.
Escuchare vuestros consejos.
Habrá una copa para todos.
Noviembre 12th, 2007 at 11:07 am
¿No te irás ahora a poner melodramático? ¡No fastidies, Albert!
A lo mejor dentro de unos días te doy una noticia, pero dentro de uuuuunos días; cuando todo esté un poco más cerrado.
Abrazos para la comunidad.
Noviembre 12th, 2007 at 11:54 am
Ja ja… Sólo intenta aprovechar un mal rato para hacer literatura. O intentarlo.
Ai, ai, ai… cuál será la notícia?