Piel
Las tres de la mañana. Subimos las escaleras, entre risas y espasmos, abro la puerta. No hay nadie a la vista. Todos duermen. Voy desnudando a Blanca por el pasillo. Hacemos más ruido del que pensamos.
En la habitación, sigo la aventura de descubrir montañas, con una expedición que no teme el fracaso. Sin camiseta, salgo a la cocina. Traigo una botella de agua, para apagar fuegos.
Blanca me besa, me coge del cuello, me exige. Pongo música. Duke Ellington. Sin ritmo, voy lamiéndola toda. Sus pequeños pechos, blancos, inocentes. Su ombligo, su perfecto ombligo. Sus piernas, sus secretos. Ella, no para de reír. Carcajadas que, seguro, han despertado a todos. Da igual. Nosotros somos los protagonistas. Nos merecemos un poco de libertad.
Le quito la lencería, también blanca. Es desenvolver el papel de colores del caramelo, el regalo, la sorpresa. Mando, y me manda. Ahora, ella encima. Ahora, yo. La orquesta toca para nosotros y afina los saxos, las trompetas, la batería. Es una pasión roja, en un zulo minúsculo, que, con las dos velas que hemos encendido, se ha convertido en un palacio oriental. Una, dos, tres veces. El cuerpo no se cansa cuando la piel lo necesita.
Blanca fuma. Está contenta. Me levanto, aún desnudo, y abro un libro de Gil de Biedma. Vuelvo a la cama y le leo un poema. Me abraza. Se apoya en mí. Y se duerme.
Falta muy poco para fin de año, pero no hace frío.
(capítulo 12 de LaNovela.es)
Licenciado en Filosofía, trabajo como periodista. “Podemos estar contentos” es mi primer libro de relatos.












