Lindas paradojas

Dice Pilar Cobo en su artículo de este mes que votará y no votará a cada partido político, y que militará y no militará en cada sindicato, y que luchará y lo dejará de hacer por cada ideología. No es para menos. Estamos en el tiempo de las cerezas, en el que la soledad más bestia,  más abrupta, no viene dada por la ausencia de compañía, sino por no sentirse reconocido en ningún discurso. Nos falta la convicción de sentirnos en comunidad.

Toda la culpa – si es que tenemos que hablar de culpa a estas alturas – no será nuestra. La lucha por el librepensamiento nos ha llevado a matar a Dios, al Hombre y al Padre. Las ideologías han dejado su butaca, aún caliente y manchada de sangre, al Mercado. Y nosotros, observando atónitos la Historia, nos vamos conectando al Facebook y al Twitter en busca de algo de re-conocimiento. De volver a conocernos, agruparnos, tener claro que en esto de subir la roca estamos todos juntos. O casi.

De todos modos, no tengamos demasiado miedo a las paradojas. Somos paradojas. Estamos vivos para, más tarde, estar muertos. Somos vivos porque existen muertos. Y la línea es tan ínfima, tan delgada, que siempre estamos a punto de cruzarla. Así lo ha hecho Martí Rosselló, poeta, novelista y bibliotecario de Premià de Mar, que nos ha dejado mientras paseaba por su ciudad natal. Paseemos todos por su herencia de activismo cultural. Con todas las paradojas que la actividad conlleve, pero sin los uniformados militar(ismos).

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Albert LladóLicenciado en Filosofía, trabajo como periodista. Acabo de publicar “Encuentros fortuitos”.