Sombras y ausencias
Fragmentos de canciones, buscarse la sombra a cada esquina, echar de menos, comprar tiempo libre o escuchar música triste e introspectiva.
Sísifo se pone la mochila y, entre greguería y greguería, viaja en metro para ir a trabajar, estudiar o hacer el amor allí donde le dejan. Los cuartos oscuros, las aulas vacías y las oficinas con melodías estridentes de teléfonos inagotables.
Eurídice ya no pide el rescate, y Caronte se ha hecho cobrador de la SGAE. Las sirenas de las ambulancias despiertan a la ciudad, recordando a sus habitantes que el horror de la enfermedad y la muerte está por todos lados. La limpieza de los hospitales, las camas sin arrugas, los tubos nuevos y desinfectados.
Mucha nieve para pocos recursos. Y, por fin, el colapso. Encender la luz con tan sólo pulsar un interruptor es cómodo, y necesario, pero tiene mucho que ver con la comodidad de La rebelión de las masas. Nos hemos olvidado de la hostilidad de la vida, de la supervivencia, para buscar los problemas en la negociación y la competencia. Darwin tendría que volver a redactar su tesis, con ejemplos nuevos de una vieja teoría.
Marzo de fríos y ausencias de nosotros mismos. Próxima parada: una revista, una amistad, y una metáfora. “No estamos locos, que sabemos lo que queremos”- diría Ketama.
Periodista cultural de LaVanguardia.com. Editor de Revista de Letras y Diari Maresme. Mi último libro es 'La realidad es otra'

















