¿Quién tiene miedo de Pere Arquillué?
Qui té por de Virginia Woolf? lleva en escena desde finales de octubre, pero sigue llenado la platea del teatro Romea, en el centro de Barcelona. Y es que el texto de Edgard Albee le ha servido a Daniel Veronese para evidenciar, una vez más, que es un gran director de actores.
El trabajo de orfebrería que realiza el argentino con Emma Vilarasau (creíble, en un papel nada fácil), Ivan Benet (gran talento que sabe ejercitar la necesaria contención) y Mireia Aixalà (brillante, dulce, al servicio de un personaje que moldea inteligentemente) es una constante investigación que lucha contra los arquetipos y los lugares comunes. Pero es Pere Arquillué quien despliega como nadie todos los matices, consigue malabarismos en el ritmo, y sabe hacer fluir la gestualidad para pasar del humor desinhibido a la tragedia delirante. Y lo hace, claro, con una aparente naturalidad que consigue la más difícil: la verosimilitud.
Arquillué interpreta a un profesor de Historia, casado desde hace años con la hija del rector de la universidad en la que trabaja, y ambos transitan desde el alcoholismo al sarcasmo más corrosivo. Llega a casa una pareja de invitados que serán testigos de una suerte de guerra psicológica entre el matrimonio, y en la que acabarán participando directamente. Si Pinter es el maestro de lo no-dicho, en la propuesta de Albee es la réplica, inteligente y rápida, la que protagoniza la obra. Es un juego de juegos, como si de una muñeca rusa se tratase, el que el espectador va viendo – padeciendo – sobre escena. Se viaja de la comedia ácida a la visualización del fracaso, de la autoridad al autoritarismo, de la historia a la histeria.
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Periodista cultural de LaVanguardia.com. Editor de Revista de Letras y Diari Maresme. Mi último libro es 'La realidad es otra'

















