Ilusión, desencanto y bondad

La escenografía es uno de los indiscutibles aciertos de Desiguals. Un montaje colorido, un cuadro dividido en cuatro espacios, que se entrelazan con pasillos de césped artificial, y con un panel de fondo en el que se pueden ver modelos “perfectas” contrapuestas a las protagonistas, mujeres comunes, atractivas a su manera, pero sin estar obsesionadas con el canon de belleza que impone el cine y la televisión. Las butacas, organizadas en forma de “U”, rodean un ambiente íntimo, doméstico, en el que los espectadores pueden ver el día a día de dos mujeres que querían cambiar el mundo cuando se conocieron y que, al final, se conforman con permanecer juntas hasta sus últimos días.
[Seguir leyendo en Revista de Letras]
[Llegir en català a Dèria]
Periodista cultural de LaVanguardia.com. Editor de Revista de Letras y Diari Maresme. Mi último libro es 'La realidad es otra'

















