La idea surgió de forma natural, espontánea. Revista de Letras se construye, día a día, gracias a las plumas de más de 60 colaboradores de todo el mundo que, con su mirada y estilo propio, intentan descifrar algunos de los secretos del mundo del libro, y sus periferias. La mayoría de ellos tienen blog y la red ha sido desde el principio – al contrario de lo que muchos apocalípticos nos querían hacer creer – un punto de encuentro. Una excusa.
Es por ello que la revista, si convocaba algún evento, debía ser un reconocimiento a los cientos de personas, aficionados y profesionales, que se dedican a la difusión cultural a través de internet. Dura ha sido la lucha – y aún continúa – con los que presuponen que un texto, por el hecho de estar publicado online, ya carece de rigor. Y es que los prejuicios ante los avances tecnológicos no son nuevos, y siempre mutan. Una cosa es criticar las tendencias por las que un nuevo medio se puede mover, analizar los riesgos, y otra muy distinta es poner en duda que hoy, en la World Wide Web, la creación y la crítica literarias son una realidad palpable, un recurso que nos sirve de prescripción en una sociedad que navega en la sobreinformación más líquida.
Los Premios Revista de Letras quieren, pues, poner nombres y apellidos a los que crean y reflexionan a través de una herramienta como el blog que, en casos concretos, ha pasado de ser una bitácora de viaje para convertirse en una columna de estética y pensamiento. Será el público, los lectores, quienes voten quién debe ser el ganador. Pero más allá de la competición, lo que se quiere es identificar trabajos concretos que se pueden señalar, sin complejos, como claros referentes. Propuestas que han hecho de la credibilidad y la constancia sus armas de trabajo.
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