Hablar de géneros, de identidades y de fronteras. Hablar de cajas, de recuerdos encerrados en arena, de un futuro en forma de espejo. Roto o reciclado. Hablar de bisagras, de vinagre, de canciones que dejan la voz en la libertad.
Nos inunda la actualidad. Nos enmudece, nos mantiene atentos para no prestar atención a otras perspectivas. Nos inunda la inmediatez. La idiotez. Y siempre tenemos que estar en esta alerta constante, cansina, porque ahora los enemigos vienen disfrazados. La culpa de no haber visto, antes, a los culpables.
Hablar de la lluvia, de la ciudad, de los treinta años. Hablar de sobres, del celofán que hace de ventana, de una cena fría. Hablar de la tinta que dibuja, sola e independiente, en un papel rugoso.
Preguntarnos por nuestro diccionario y nuestra ruta, siempre alternativa.
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