
Hungría ha sido la cuna de algunos de los mejores fotógrafos del siglo XX. Sólo hace falta citar a figuras como László Moholy-Nagy, Brassaï o Robert Capa, para comprender la potencia creativa, desarrollada sobre todo en el período de entreguerras, de estos artistas que transformaron el imaginario colectivo de toda una época gracias a sus instantáneas.
Desde ahora, y durante tres meses, se pueden observar, en la Fundación Carlos de Amberes de Madrid, 100 fotografías de André Kertész (Budapest, 1894 – Nueva York, 1985), del que Henri Cartier-Bresson llegó a decir que «inventemos lo que inventemos, Kertész siempre fue el primero».
Una capacidad para abrir caminos, antes inexplorados, que se puede comprobar en esta muestra, organizada a través de un recorrido cronológico por los tres escenarios más importantes de su vida: Hungría, Francia y Estados Unidos.
André Kertész no sólo influyó a sus contemporáneos formalmente – el primer Brassaï lo toma como referencia – sino que fue él mismo quien llevó a Capa a París.
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