No se trata de ser cobardes o valientes, sino de creer en la intuición como forma de conocimiento. Las palabras y las imágenes se empeñan en bailar, y nosotros tan sólo nos fijamos en la técnica de sus pasos. Una brújula llena de coincidencias, de esquinas y rizomas.
Si hay que elegir entre un hombre con los pies en el suelo, o uno con la cabeza en las nubes, nos decantamos a ser una especie de Magritte que comienza las casas por los tejados. Allí, de momento, no hay leyes, ni carriles bici.
De los zoológicos se escapan las lobas. Alguien les ha dicho que fuera está la libertad. Pero los elefantes, los leones, y las cobras, esperan dentro, a que regresen. Por algo irán a visitarles, precisamente allí, tantos humanos. Creyendo que al observar uno mismo no es observado. Como si la acción fuera eso.
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