
El Grand Guignol es un género teatral de origen francés creado a finales del siglo XIX que, con montajes de corta duración, reflejaba la monstruosidad de su tiempo a través del horror y la farsa surrealista. El dramaturgo catalán Esteve Soler lo rescata para reflexionar sobre la falta de representación política en Contra la democràcia, que se puede ver en la Sala Beckett hasta el 24 de julio, dentro de la programación del Festival Grec de Barcelona.
Bajo la dirección de Carles Fernández Giua, se trata de un texto que cierra una trilogía formada por Contra el progrés (2008) y Contra l’amor (2009). Soler, influido por la lectura de la Filosofía política de Mario Bunge, escribió la obra en la isla griega de Paros, meses antes que explotara la indignación en las plazas españolas. El teatro, pues, como premonición de un malestar que ya estaba presente en las miradas, en los gestos, y en el hartazgo generalizado.
Contra la democràcia es un conjunto de siete pequeñas obras que mezclan la sátira y el esperpento, lo extraño y lo próximo, para poner en tensión la idea de gobernabilidad del ciudadano. ¿Quién decide cómo es nuestro día a día? ¿Hemos delegado nuestras responsabilidades o las hemos abandonado?
La primera pieza es una conversación entre dos insectos, humanizados, que están atrapados por las redes de una araña. «El futuro será mejor», aseguran. En cuestión de minutos tienen un hijo que, a pesar de los esfuerzos de sus progenitores, acabará comiéndoselos. El futuro – también – nos devora.
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