La joven dramaturga Marilia Samper (Sao Paulo, 1974) recibió el encargo de la compañía Q-Arts Teatre para crear una pieza con los únicos requisitos que hubiese en ella dos Fedras y un tercer personaje que interpretara a Sarah Kane, autora británica de culto que escribió, entre otras piezas, Phedra’s love, y acabó suicidándose en 1999.
El excelente resultado se puede ver hasta el 9 de octubre en la sala Beckett de Barcelona, bajo la dirección de Pep Pla. La libertad creativa, a veces, también nace de los mínimos parámetros del encargo, y Samper es capaz de hilvanar una triple trama que nos interpela, que habla de nosotros y de nuestros vecinos, y que tiene el «impulso autodestructivo llamado eufemísticamente amor» como centro de operaciones.
La obra comienza antes de que el público se siente en las butacas. Nos están contando una tragedia, pero no es ajena al mundo por el que nos movemos. Encienden una cerilla y, mientras la llama dure, podremos soñar. La propuesta lleva como subtítulo una canción de Ben Harper, Pleasure and Pain, que reza: «he conocido el placer, he sentido el dolor y sé que nunca volveré a ser yo mismo». Las cerillas siempre se apagan.
El texto tiene presente el Hipólito de Eurípides y la Fedra de Racine. Pero las escenas son del ahora, del entorno inmediato. Fedra es una camarera (Freddy) que se enamora de su cuñado, con el que trabaja en un bar. Fedra es Vera, una actriz venida a menos que ahoga su vejez en el alcohol y la decadencia. Fedra es, al mismo tiempo, la propia Sarah, que se enamora de la vieja intérprete borracha y, al ser rechazada, tiene que ser hospitalizada en un centro psiquiátrico. Qué grandes están las tres actrices.
(…)
[Seguir leyendo en LaVanguardia.com]

Deja una respuesta