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ALBERT LLADÓ

Periodista y escritor

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Tàpies XXI

junio 29, 2012 by Albert Lladó Leave a Comment

Antoni Tàpies murió el pasado 6 de febrero y, entonces, era el momento de reivindicar su gigantesca importancia. Su obra fue fundamental para ofrecer conexiones entre Oriente y Occidente, y siempre se interesó por la relación entre Humanidades y Ciencia, además de ser el referente indiscutible de un tipo de informalismo europeo que luego cuajaría en movimientos como El Paso. También era la hora de releer sus centenares de artículos. Estábamos, por si no nos habíamos dado cuenta, ante un pintor-filósofo. Un pensador que expresaba su concepción del mundo a través de un lenguaje intransferible.

Pero no era todo. Parece como si los grandes, una vez fallecidos, no quieran irse del todo. Antoni Tàpies trabajó intensamente los últimos años de su vida y el resultado es el que ahora se puede ver, hasta el 4 de noviembre, en la Fundación que lleva su nombre. Se trata de una muestra titulada Cabeza brazos piernas cuerpo, compuesta por 74 piezas que el artista produjo desde el 1999 hasta poco meses antes de morir. El Tàpies del siglo XXI, pues, es un Tàpies de la piel y el cuerpo, que va de lo erótico a la llaga, del encuentro de dos torsos a los miembros acumulados como simple rastro de organicidad. La muerte, como no podía ser de otra manera, está también presente. Pero desde la materia propia y la brutalidad del gesto.

Laurence Rassel, la directora de la institución, y Miquel Tàpies, su hijo, han comisariado una exposición que sorprende por la fuerza que mantenía el artista. No hay que olvidar que las obras – muchas, inéditas hasta ahora – fueron ejecutadas mientras el creador tenía entre 75 y 88 años. La avanzada edad no fue un impedimento para que Tàpies utilizase grandes telas para reflexionar, aunque desde otra perspectiva, sobre la condición humana. Una condición que se aborda con objetos tan cotidianos como un calcetín o un calzoncillo, o desde lo físico como presencia y aliento.

Esta propuesta demuestra que Tàpies, aunque siempre tuvo un universo fácilmente reconocible, estaba en constante evolución. Una evolución, claro está, íntima, profunda, valiente. El dolor metafísico también se puede mostrar con el envejecimiento de una pierna, y el sufrimiento se refleja, al mismo tiempo, en un cuerpo desnudo y atado.

(…)

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